En el inconciente colectivo, la ruleta -como cualquier otro juego-
está asociada a vicios y jugadores compulsivos; quizás
ésta es la razón de por qué causa tanta inquietud
que esta cifra aparezca relacionada a ella. Debemos interpretarla
como un entretenimiento más, que ya desde miles de años
atrás ha dejado su marca en la literatura y hasta en las
ideas religiosas, tal como figura en los evangelios.
Griegos, romanos, esquimales y otras antiguas civilizaciones, practicaban
distintos tipos de juegos: hacer girar un escudo sobre la punta
de una espada (griegos), una rueda de carro sostenida por un eje
perpendicular al piso (romanos, de la época del emperador
Augusto), entre otros. Existen antiguos grabados, representando
a la diosa Fortuna de pie sobre una bola o sosteniendo una rueda
en su brazo.
Las asociaciones numéricas no se encuentran registradas
en las antiguas escrituras, por lo que las divagaciones metafísicas
que se pueden atribuir, son sólo producto de elucubraciones
modernas que no se corresponden con las creencias religiosas. Sí
es cierto que la Iglesia desde siempre condenó la práctica
de los juegos de azar; una muestra de ello, es que en el siglo VIII
en Francia, varios monjes fueron excomulgados por desobedecer estos
mandamientos.
Si nos atenemos
al significado de la palabra superstición tal como figura
en el diccionario de la Real Academia Española, encontramos:
“creencia contraria a la fe religiosa y a la razón”.
No es totalmente inexacto; el hombre siempre tuvo ese tipo de sensaciones
inexplicables ante distintos símbolos en todas las civilizaciones
y épocas: gatos negros, números 13 o 17 de la desgracia,
escaleras, lechuzas, han conformado un universo misterioso y oculto.
Si revisamos
la vida de grandes hombres y mujeres de la historia a los que no
se puede tildar de ignorantes, por cierto, encontraremos una multiplicidad
de tabúes, cábalas, talismanes y creencias oscuras,
independientemente de sus pensamientos científicos o iluminados.
Cambiar fecha de viaje o comensales de una mesa, tildar de mufa
a una persona por su supuesta “mala onda”
y otras costumbres pasadas de generación en generación,
no son más que ejemplos de lo que estamos tratando en este
artículo.
Por suerte (para
seguir en ambiente) la humanidad ha seguido adelante a pesar de
los malos presagios y los augurios tenebrosos. Lo que hoy nos trae
fortuna, mañana puede ser desechado por ineficaz, de acuerdo
a cómo nos ha ido, cargando amuletos e invocando encantamientos
mágicos; usando los calzones de ayer (porque nos fue bien)
y hoy comprobar que la magia desapareció (por lo menos de
nuestra ropa interior).
TODO
VALE
Ciertos hábitos o circunstancias, manejadas como cábalas,
pueden influir momentáneamente en nuestro ánimo, por
lo menos mientras nos dure la suerte; algún jugador empedernido
considera que una estrella angélica se posó sobre
él, cuando encuentra una moneda tirada en el piso, y evitará
con toda su fuerza de voluntad contar el dinero obtenido hasta el
momento. Está atento a cualquier señal que se le aparezca
y si no se le aparece, la buscará y con seguridad la hallará,
pues es su tabla de salvación, a la que querrá aferrarse
en un posible naufragio.
Nuestro jugador
empedernido y supersticioso, no llegará atropelladamente
a la mesa ni apostará antes de semblantear a sus vecinos;
una serie de códigos establecidos será el manual del
que emergerán las fórmulas que lo irán guiando
por su juego: tal mujer (generalmente con aspecto distinguido
y manejando sumas infartantes) es una segura tiradora
de bancas; los jóvenes inexpertos tendrán suerte de
principiantes y apostando la mínima mostrarán su alegría
por haber cosechado unos pesitos, mientras los zorros viejos, cabuleros
y malhumorados, perderán tratando de oponerse a un jugador
de punto que está en su día.
Se olvidan que
las cartas ya están echadas desde el vamos, al acomodarlas
en el sabot y solo pueden modificar el juego quienes pidan o se
planten: ¡otro gran veneno que habitualmente es ingerido por
los jugadores consuetudinarios que se las saben todas! ¡pobre
del que pidió e hizo ganar al punto! Será mejor que
se cambie de mesa, porque la descomunal descarga de energía
negativa que recibirá, lo hará polvo.
Catalogar a los vecinos de mesa por su cara, su aspecto, su juego:
ser banquero o puntero es parte de la superstición de los
jugadores de alma. Aún teniendo ganas, un banquero jamás
rechazará el sabot ni depositará sus fichas fuera
de los casilleros de la banca y si alguno tiene la fortuna de acertar
varios puntos seguidos, lo mirará como reprochándolo
y hasta tal vez deje pasar varias jugadas. Los aneares de 7 y de
6 hasta tienen sus propios mini-poemas y oráculos ofrendados:
anear de siete, la banca lo mete, dice el versito; ante un anear
de seis, un manojo de manos unidas llevarán sus fichas cerca
suyo y hasta estirarán antes de tiempo sus garras, atrapando
el pago del punto que seguramente lo seguirá.
Asegurar
que el 29 y el 32 seguirán al 19 o que luego del 36 saldrá
el 11, no responde a ninguna ley matemática,
pero vaya uno a contrariar estas creencias; después de todo,
si no se tiene la menor idea de qué número va a salir,
lo mejor es seguir la tradición.
En los juegos de Punto y Banca o de ruleta, cada cual cree tener
la fórmula para ganar … una vez que ha ganado. Si pierde
quedará haciéndose el que está pensando qué
nuevos rumbos le están indicando las señales: ¿se
habrá cortado la racha? Seguramente en su manual de bolsillo,
encontrará la explicación a la martingala que falló.